El joven padre Mario, natural de Angola, celebró el Viacrucis en Valhermosa con un puñado de vecinos el día de Viernes Santo. Como en la ermita de Santa Bárbara hacía mucho frío, los fieles se reunieron en la propia calle aprovechando que no llovía. Crescen y Merche acompañaron con sus cantos las 14 estaciones.
domingo, 20 de abril de 2025
Viacrucis de Viernes Santo en Valhermosa
El joven padre Mario, natural de Angola, celebró el Viacrucis en Valhermosa con un puñado de vecinos el día de Viernes Santo. Como en la ermita de Santa Bárbara hacía mucho frío, los fieles se reunieron en la propia calle aprovechando que no llovía. Crescen y Merche acompañaron con sus cantos las 14 estaciones.
viernes, 28 de marzo de 2025
Carlos Mena, el dragón mágico de Valhermosa
Fue oficial de Registros, pero la música era su pasión. Adoraba las canciones de raíz. Diría que sus favoritas eran las castellanas y americanas. Un bendito día apareció por la ermita de Valhermosa, en cuyo banco yo rasgueaba mi española de seis cuerdas. ¡Qué pena no haberte conocido antes, querido Carlos! El y Hsiaoyou se habían establecido en el pueblo y me abrieron su casa de par en par: Un hogar lleno de discos y libros, incluyendo un piano de pared y una buena colección de guitarras. Pasamos juntos calurosas tardes de verano que, tras la cena, podían prolongarse hasta la medianoche. Me descubría rarezas de folk inglés mientras tocábamos piezas más asequibles. La canción del dragón mágico que vivía junto al mar, el clásico del trío americano Peter, Paul and Mary, era nuestro santo y seña. Con Puff, el mitológico animal, abríamos y cerrábamos nuestros recitales domésticos.
Antes de la pandemia tuve el honor de acompañarlo en el
escenario de la Taberna de Cata, que está en Condado, el pueblo de enfrente. Carlos
Mena defendió La portera de mi casa en una noche que resultó ser heroica
por muchos motivos. Es una canción popular del satírico elepé que Carlos grabó en
1971 con Jaime y Carolo Ramiro. Se hacían llamar Ramsés, Isaías y Pantaleón, un
grupo tan efímero como mítico. Y así lo recordaba Jokin Garmilla en la radio
del Valle, compartiendo con los oyentes un pedacito sonoro de aquella noche. Ante
un público familiar y expectante, el artista se acomodó en medio del equipo de
sonido, que había prestado Los Pocos, hasta el punto de no querer bajarse de unas
tablas cómplices. Acabaría siendo su último concierto, algo que él ya podía
sospechar. Ahora sospecho yo que, en esa velada al aire libre, su mente lo
transportó a sus actuaciones juveniles en colegios universitarios y espacios
alternativos.
El pasado verano todavía cogió la guitarra delante de mí. Siempre
quería dibujar trinos y susurros de cualquier melodía. Conocía canciones de
Galicia, país que también estaba en su ADN; lo acredita su segundo apellido:
Regueira. Hablaba en voz baja, recitaba las letras y, si tenía un buen día,
entonaba algún estribillo; pero jamás lo abandonaron la ironía y el sarcasmo. Era un tipo de gran altura intelectual, como
su estatura, por mucho que lo doblase la cruel enfermedad. Pero también fue un
romántico enamorado, según me confesó su mujer. Para conquistarla, él cruzaba
en su coche de Bilbao a Salamanca cada fin de semana. ¡Pura poesía amorosa!
Los muertos son huéspedes de los vivos, escribió Luis García
Montero. Es el consuelo que nos queda por el “pasamento” de Carlos, un burgalés
que aprovechó su jubilación para andar por los campos de Castilla, una tierra de
caminos que inspiró al poeta Machado y al narrador Delibes. Mis estancias en Valhermosa
ya no serán las mismas. Hoy lloro con lágrimas secas, las que se quedan dentro,
por el dragón mágico que vivía rodeado de cerezos. ¡Hoy lloro por mi compañero
Carlos!
lunes, 23 de septiembre de 2024
La fiesta del pueblo
Desde primera hora se afanan las cuadrillas. Hay que disponer las mesas con los cubiertos para la comida de hermandad: preparar cazuelas y parrillas para los arroces y los asados, traer las cervezas y los refrescos, sin olvidar las cafeteras… La mañana debuta fresca y luminosa al pie de la sierra de la Tesla. Las guirnaldas adornan la plaza de Santa Bárbara, donde ya se instala el mercadillo local. La agitación aumenta al compás de los pasacalles a cargo del trío La Horadada de Trespaderne. Huele a Merindad de Valdivielso, catorce pueblos que miran al Ebro desde ambos márgenes del río, bajo la protección del castillo de Toba.
La diana recorre las tres calles y en cada casa habitada sacan pinchos y bebidas a los vecinos. La dulzaina de Sergio flota, estridente, por encima del griterío con la ayuda de la caja de Eduardo y el bombo de Fran. El rojo pendón se recuesta sobre la ermita con el nombre del pueblo, que fue bordado por las monjas de Castil de Lences hace veinte años. Crecen la algarabía y los besos, es un encuentro de afectos estimulados por el ambiente. Vienen de otros pueblos, incluso de Uruguay –como Susana y Guzmán–, y hay personas que hace tiempo que no se ven. La convivencia no deja a nadie atrás.
Acaba de llegar Antonio Kim, un joven sacerdote coreano que ya misó aquí otras veces. Las vocaciones religiosas ahora nacen fueran de España. Durante la homilía habla de que todos tenemos preocupaciones, pero su mensaje principal es que debemos aceptarnos los unos a los otros. Kim no se anda por las ramas ni larga una prédica insoportable al uso. Crescen y Charo hacen las lecturas con melodía vasca y castellana. Y cuando llega la consagración suena desnuda y medieval la dulzaina con aire militar. El momento de la paz devuelve las sonrisas a los fieles. El coro de Valdivielso, con pañuelo rojo al cuello, canta la eucaristía bajo la dirección de Jesús, que también toca la guitarra.
Antes de la misa, se celebra la procesión como manda la tradición. Abre Torines la comitiva portando el “lignum crucis”. Detrás va el alto estandarte que, con brazos fuertes, eleva Sinfor; después de un escarceo que se atrevió a hacer este cronista. A continuación van el cura y el pedáneo. Y los que quieren los siguen cual una manifestación. Jose, como buen anfitrión, vigila que todo esté a punto; mientras Yoli, que andará entre potes y cocinas, no para ni un segundo. Unos trabajan generosamente para que los demás gocemos. Cierto es que también hay un par de hombres en las brasas. Entre tanto, Irene, que ha venido de Madrid a ver a sus abuelos, saca fotos y graba vídeos a destajo.
Carlos, que estos días necesita sosiego, no puede salir.
Hsiayou no le pierde ojo ni le pierde amor. Pero sus convecinos les llevan
paella para que coman algo de la ración común. Compartir ayuda a arrinconar las
penas. Queremos y nos dejamos querer. Y entre músicas, voces y cuchipandas discurre
el día. Es la celebración de la Santa Cruz en Valhermosa. Es la fiesta del
pueblo.
martes, 10 de septiembre de 2024
Celebremos la vida
Valdivielso es siempre un evocador remanso de paz. Las aguas del Ebro bajan mansas hasta Cereceda, aunque yo no me fío de las corrientes en el Aguadero de Condado donde la mocedad refresca sus adolescencias. Los catorce pueblos de la Merindad, todos bonitos, unos más grandes y otros más chicos, se asientan en armonía con los campos, los caminos y las faldas montañosas que protegen el Valle. Mónica, natural de la capital mundial de la salsa (Cali, Colombia), me vende media panadería de Quintana. Su compañero, Marcos, un gallego de Vilalba, reparte el pan de aldea en aldea. Sabe delicioso, como los pasteles de Íñigo, la afamada confitería de Villarcayo.
Gelito y Amaya, todo fibra, suben caminando desde Hoz a
saludar a Marines y a Manolo, el gallego afincado en esta tierra desde hace más
de sesenta años. El domingo hubo misa en la ermita de Santa Bárbara. Vino de
Burgos a oficiarla el vicario pastoral de la Archidiócesis, José Luis Lastra.
Al puñado de vecinos de Valhermosa y Arroyo que asistieron a la eucaristía les
dijo que eran “afortunados”. En el funeral del día anterior que se celebró en
Población por Jesús y Antonio, cuyas cenizas se depositaron en el cementerio
del pueblo, Juanmi, el párroco, reconoció que permanecía el dolor por la
ausencia, al tiempo que invitaba a celebrar las nuevas vidas que llegan a las
familias.
Los exagerados calores de la sobremesa tumban las almas
detrás de las persianas. Las casas se cierran sobre sí mismas como si fuesen
refugios de guerra. La siesta y el silencio se apoderan de los cuerpos. Pero a
media tarde siempre hay quien se levanta de la cama para ir a la finca. Otros
se disponen a salir en busca del paseo y de la fresca, que estos días se hace
la remolona hasta la noche. Los días en agosto ya son más cortos. Lo mejor de
mis veranos en el Valle de Valdivielso son el encuentro con la familia, la gente
y sus singulares biografías. La memoria y la felicidad van juntas.
jueves, 17 de agosto de 2023
El banco de la ermita
El banco de la ermita es verde y tiene sombra hasta
mediodía. El reloj de la casa de enfrente da las horas y las repite. El tiempo
se escapa y se detiene. En este espacio del final del pueblo, antes del monte,
se improvisan tertulias cada tarde. Marines, Pacita y Mariví son las
anfitrionas. Estos días se les unen Gelito y Amaya de Hoz, Marisa de Arroyo o
Bego, que acaba de llegar de Santurce. Refresca y las conversaciones se cruzan.
Es un habitar alejado del vértigo urbano.
La gama beis ilumina las casas e iglesias del Valle de
Valdivielso. La emisora de Jokin, que cada verano organiza “Échale cuento” con
múltiples actividades, se cuela en cocinas y salones. En estas fechas hay
muchas criaturas menores que susurran como la brisa. Una de ellas es Mayi, dos
añines, rubita y ojos como luceros. Los catorce pueblos que atraviesa el Ebro
forman un paisaje único, que se abraza con la mirada si bajas desde La Mazorra.
La ausencia de nieves y lluvias de los últimos años ha disminuido la producción
de esta tierra fértil. ¡Qué ricas saben las vainas de Manolo, “el gallego”!
El hogar de Carlos -otrora de Leandro y Concha-, además de
mucho amor, esconde joyas discográficas, libros difíciles de encontrar y
guitarras acariciadas por unos dedos larguiruchos que han trenzado miles de
acordes. En su morada también hay un piano, que toca Xsiaoyou en los pocos
ratos libres, y su hermana Hsiaolieng cuando los visita. “Sayú”, como la llaman
aquí -también “La chinita”-, es maestra de tapices, un arte que cultivó con
“tenacidad y elegancia propiamente oriental”, según escribió en su día la
profesora de pintura Roldán Valiente. “Exhuberancia cálida entre lunas lejanas
y mediterráneos cegadores”, tal como afirma Luis de Horna, catedrático de la
Universidad de Salamanca. Un pozo de sorpresas y generosidad es esta mujer
venida del cielo. Y si de creatividad hablamos, un paseo por el río te descubre
las sugerentes esculturas de Carlos Armiño, natural de Tartalés que reside en
Cereceda.
Este domingo ha misado un joven cura coreano, Antonio Kim.
En la homilía agradeció “el fresquito” del lugar y aplicó la eucaristía por
Agustín y Benita, los padres de Sarito y abuelos de Chari. El momento de la paz
fue muy afectuoso entre todos. Crescen llevó la voz cantante en “Una espiga
dorada por el sol” con que finalizó la celebración. Y todavía visitaron el
sencillo camposanto, adonde llevaron el ramo que había traído Yoli días antes.
La vida es compartir.
Desde el banco de la ermita, que conserva la inscripción de
Caja Ahorros Círculo Católico, se ven las coladas en los tendales, que se secan
en un santiamén. Las furgonas de Torines, Jose y David suben y bajan… bajan y
suben. La existencia rutinaria es una forma de felicidad. Desde el banco de la
ermita, hago memoria de los míos, que ya son demasiados. Desde el banco de la
ermita diviso la cumbre de la Tesla. Desde el banco de la ermita.
martes, 21 de agosto de 2018
OBITUARIO. Isaac Fernández, sonrisa y bonhomía
Era un tipo tan grande como bueno. Se quedó a las puertas
de los 83 años, una celebración de la que solía hacernos partícipes por
coincidir con nuestra estancia agosteña en Valhermosa de Valdivielso. El pequeño
Daniel alborotaba la casa, cuyo vestíbulo se quedaba escaso para tanta gente,
mientras comíamos patatillas y aceitunas. El abuelo Isaac Fernández, de
apellido castellano y nombre judío, sonreía a todos mientras la abuela nos
invitaba a repetir. Días de alegría, familia y amigos que él disfrutó viendo crecer
al nieto. A Isaac lo conocí hace veinte años y ahora lo recuerdo sentado en el
tractor, por las fincas, o en el banco bajo el nogal de su casa, paciente,
discreto, afable, sin levantar la voz. Pacita, enrabietada con el destino y con
el duelo en sus ojos, me habla de las últimas horas de su marido, de la
conciencia que tenía de estar iniciando el tránsito, de sus últimos besos y de
su última voluntad, que no fue otra que la de su modo de andar por la vida: sin
molestar.domingo, 7 de mayo de 2017
La Coronilla de Valdivielso
Los pies flotan por las verdes alfombras de la cumbre y,
así, elevados los caminantes, quedan a la altura de los ojos los montes Obarenes. El día es tan limpio que la panorámica de 360 grados se convierte en un
descanso visual y cervical. En el buzón del peñasco más alto, cual nido de
gorrión, no hay cartas, pero en la puertecita indica que estamos a 1.172 metros
de altitud. El viento alborota el pelo de Pilarín, aunque la autofoto a cuatro
no se resiente. Los dioses nos acompañan y nadie quiere abandonar el paraíso de
La Coronilla, desde donde se divisa hasta la blancura del Alto Campóo, en la
montaña palentina, donde el silencio se reencuentra con el hombre.viernes, 26 de agosto de 2016
La bandera de Los Hocinos
domingo, 7 de agosto de 2016
El trío El Dorado triunfa en Valhermosa
lunes, 17 de noviembre de 2014
A Oña en romería
miércoles, 27 de agosto de 2014
Vacaciones en Valdivielso
viernes, 17 de agosto de 2012
La romería de la Virgen de Pilas, devocion y paisaje
La pequeña iglesia, de una sola nave, precisa restauración por dentro y fuera; algo en lo que se afanan los vecinos de Quecedo y Puentearenas, ambos pueblos al cargo de la ermita y de mantener esta tradicional Asunción. Así me lo cuentan con entusiasmo Carmina, Juan y María Jesús, a los que no les gusta que un grupito se haya puesto a comer el bocata en su interior, cómodamente sentados en los bancos delanteros de la izquierda. Entre tanto, continúan los preparativos para la procesión y eucaristía progamadas para la una de la tarde. El bullicio se extiende a la sacristía, detrás del altar, y a la entrada, donde venden estampitas y llaveros con la imagen de la advocación anfitriona. Cada vez llega más gente que entra y sale, hace fotos y rodea el templo, cuya traza se dispone en el cristiano sentido Este-Oeste. El muro norte posee contrafuertes y lo cierto es que, más allá de consideraciones constructivas, buena falta le hará porque el viento tira con fuerza de abajo arriba.
Antes de subir unos cuantos metros más hasta el alto, vecinos de Valhermosa comentaban que en otro tiempo venían con yeguas y nieve. Alfombras de brezo, rico alimento de las abejas, se muestran sobre la suave ladera que nos lleva a la cumbre. El premio es contemplar Villacaryo y Medina en un mapa inabarcable, donde Gelito señala un par de fincas en el pueblo de su madre, Barruelo. A estas alturas Eolo es el protagonista invisible y el comentario entre los adultos, la ausencia de molinillos. De vuelta a la ermita, coincidimos con la procesión, que encabeza la pequeña talla de la Virgen, seguida por el párroco de la Merindad, Julián, y el pueblo. Y tras el rodeo a la capilla, la misa. De tanto mirar tierra y cielo perdimos las referencias de la senda que, aunque bien señalizada, no vendría mal que aquí en el altollano hubiese más y con estacas más elevadas. Hacia levante vemos la media luna, que así bautizaron los lugareños, incrustada en la cresta de las montañas. El paisaje te envuelve en 360 grados.
sábado, 15 de octubre de 2011
Por la torca y desfiladero de Arroyo
Tras descansar un ratín empezamos a subir y subir. Un rapaz no quiere lavarse en la acequia, pero su abuela lo convence, y claro, ahora le gusta y quiere meter la cabeza una y otra vez. Es verano, hace calor y la vida pasa como el agua fresca que baja de la Tesla. Las mujeres se quedan atrás y Paulino, que es un caballero, las espera. Necesito subir y subir, fatigarme y sentir que tengo piernas y corazón. Me espera el desfiladero, la piedra me empareda, el cielo se escapa y entonces descubro la torre isósceles, tan empinada que al mirarla me voy hacia atrás... El agua suena por todas partes, las capas rocosas parecen proteger al caminante inquieto, quien cruza el desfiladero tal cual entrase Alí Babá en su cueva. Respira profundamente y se descalza para refrescar los pies, con sus uñas negras tras haber hecho el Camino de Santiago a Fisterra en primavera. Pero hoy está en su castillo de verano, solo, feliz, y respirando este aire castellano que tanto le gusta. Sentado y descansado mira al cielo y otea una colonia de buitres. Ahora se siente acompañado.
viernes, 20 de agosto de 2010
Voces de Valdivielso
miércoles, 19 de agosto de 2009
Un paseo con el corazón: de Valhermosa a Tartalés de los Montes
El sol está alto, son las once y los caminantes, tres. Se echan a andar por el pontón reconstruido en estos años, aunque medio invadido de zarzas. Abajo, junto al nogal que plantaron en agosto pasado las mujeres del valle, se ve el nuevo parque infantil que han hecho este año. Los nichos del camposanto miran al sol y a la pared de la espadaña de la iglesia de Valhermosa. Quién sabe si algún día no se caerá sobre Heraclio Palencia, Paulino Bueno y demás vecinos, en cuyas lápidas se puede leer la historia de este pueblo. Hace tiempo que no coinciden los tres andarines, así que la mañana promete. Van por el camino primitivo a Hoz, que más pronto que tarde sale a la carretera. Las tierras de valle abajo se acuestan, extendidas, sobre el río Ebro, todavía bebé. Este año se ven campos enormes de girasoles, como por las zonas vecinas: La Bureba, La Mazorra, Villarcayo. Antes de subir saludan a Damián, que se afana en regar su huerto. Las peñas verticales ciñen el desfiladero de película. Chema, que se ha dejado barba y esconde la mirada tras unas gafas negras, recuerda en voz alta que hace treinta y nueve años que viene a Valdivielso. De aquí era Encarni, la madre de sus hijos. Ella también sube en el corazón de los tres amigos. Una de las hoces próximas al túnel tiene el murete exterior derruido desde hace años. También la calzada, cuanto más subes, más baches; igual que la carretera que entra en El Almiñé, valle arriba. Ya bajo el paso subterráneo, de escasos veinte metros, el firme se borra. Pero Manuel sube feliz, por la compañía, por lo que ve en todas direcciones y por lo que mete en su cámara compacta. Paulino señala que esta carretera tendrá cincuenta y cinco años. Tartalés es hoy un pueblo feo. Sin embargo, en el pasado tuvo que ser bonito y equilibrado como los hermanos que beben en el Ebro. Ese pasado no tan lejano en que no había platos soperos y rastrillos en cornisas y tejados, ni tampoco somieres atrancando las calles, aunque al parecer es para evitar que las vacas pasen. Vacas y ovejas son la ganadería que pervive en el valle, pero solo en Tartalés y Quintana. En lo más alto del pueblo está la belleza, su iglesia románica, que bajo su espadaña luce una ventana con arcos arabescos, quizá huellas mozárabes. De los tres, Paulino, que es el único nacido en el valle, cuenta dos episodios a ambos lados del túnel. En cierta ocasión un nublao tiró el muro de contención del arroyo encauzado, con lo que los vecinos pidieron ayuda a los otros pueblos; y él, por indicación de su padre, formó parte de la cuadrilla que puso las piedras en su sitio. Y en otro tiempo, un burro se despeñó desde el camino viejo a su paso por la cascada y la roca horadada, que al parecer no murió. Los recuerdos vividos, oídos y sentidos refrescan el alma de los andariegos. Manuel también se refresca los pies en el lavadero que hay al pie de la subida, ya de bajada. ¡Pies: ¿para qué os quiero?! Para caminar siempre juntos.
domingo, 9 de agosto de 2009
A los tejos de Panizares por la Peñaescalera
Created with Admarket's flickrSLiDR. (08.08.09) El día no acompañó, pero se aprovechó. Niños, papás y abuelos nutrían una cuarentena de senderistas. Para muchos era la primera vez que subían a ver los tejos que dicen de Panizares, aunque del pueblo bien lejos están. Patricio, que se atribuyó noventa veces, no sé si bien contadas, guió la excitante excursión. Tras cruzar el pueblo, que esconde placas de hormigón a la vista, así como algún coche, electrodoméstico y maquinaria oxidada en estado de abandono, iniciamos la senda que nos llevaría a la Peñaescalera, donde posamos para unas fotos de teleobjetivo. Qué vistas magníficas del río, la presa y Cereceda, que ya no pertenece a las Merindades. Estábamos subiendo por la cara sur de los montes de Tartalés, según dijo una voz del grupo que marchaba en fila desde las ocho y veinte de la mañana. Un niño resbala y su padre le recrimina: -Van a pensar que no eres de pueblo. -¡Pues las de pueblo nos llevamos unas hostias...! -arguye desde atrás una muchacha de pelo rojo natural y esbelta como un chopo que se llama María. Árboles y arbustos hay para cien lecciones. Y diría que pinos, para dar y tomar, porque el itinerario está lleno de piñas, algunas sabrosamente roídas y comidas por las ardillas. Las nubes y la niebla apenas mudaron mientras crecía la mañana. En algún tramo chispeó y hasta el frío se hizo notar. Alguien comentó que la tierra que pisábamos debía ser muy buena para las camelias por su acidez. A casa nos trajimos un par de muestras de carbón vegetal. Aún no serían las once cuando salimos al llano, cubierto por mantos de grandes helechos a ambos lados del camino ancho. Los perros, Ros y Luna, circulan sin descanso p'alante y p'atrás. Llegamos al pilón vallado, pero franqueable, al tiempo que Alicia exclama a ver quién es el guapo que se baña en pelotas. El guiador solo nos deja comer una fruta, porque queda el último tramo con una subida de taquicardia. El monte se empina y el suelo, de tierra y piedras, se hace muy resbaladizo. Lo cojonudo, si se me permite el calificativo, es que después de subir bastante hay que descender hasta llegar a los bimilenarios, dicen, tejos. Y claro, bajar resulta peor que subir, sobre todo si no tienes botas o zapatos apropiados. Y vaya troncos: el número 2 tiene 117 cm de diámetro, según reza su plaquita metálica con que los han numerado recientemente. Extienden sus raíces, en superficie, cuales pulpos gigantes. Es una zona umbría donde los tejos se arriman a tilos e incluso hayas. Entre tanto y entre fotos sin flash, Patricio se afana en buscar la cola de la novia, bautizada así por él y otros por la semejanza de sus raíces con la susodicha. Ahora Javi, que parece actuar como su segundo, saca del bolsillo unas piedrinas de las que dice que son del Neolítico, al tiempo que nos muestra madroños y árboles de boj, y dice que un artesano de la vecina Bureba hace cucharas de esa madera. El asueto y el condumio siguieron al esfuerzo no pequeño de bajar a los tejos y volver a remontar. Fue en ese momento cuando Jokin llamó desde Radio Valdivielso para reportajear en directo las impresiones de algunos, entre ellos, Pilarín, que se arrancó con un canto popular para solaz de los oyentes, los de su lado y los hercianos. Siempre hay a tu lado alguien como ella que va más alla que tú. La buena señora de Arroyo, con más de setenta años encima, fue un ejemplo para grandes y pequeños. Tras decidir con buen criterio que no subiríamos a la coronilla, desde donde se divisan los montes de La Rioja en días claros, iniciamos el regreso. Las pantorrillas y las uñas del dedo gordo tiran de lo lindo durante la bajada, ahora por la pista forestal. Pasadas las dos de la tarde llegamos cansados, sudados y contentos. En el cielo, tres buitres nos reciben. P.D. En 10 días subiré las fotos
Subida a La Hoz por la calzada romana desde El Almiñé
Created with Admarket's flickrSLiDR. (06.08.08) Adelantamos la caminata porque la tarde amenazaba tormenta. Frío sí que hacía aunque finalmente no descargó. Arriba, en el páramo, las nubes se tocan con la mano. Me sorprendió el volumen de la ermita, aumentado más aún por los edificios adyacentes, sobre todo para guardar ganado. Piedras grandes de sal hay esparcidas por las inmediaciones, por lo visto para que las ovejas las chupen, necesidad que tienen, según explica Paulino. Nosotros sí que nos chupamos los dedos con las torrijas de Mariví. Los bocadillos nos los trajo Vita, que subió con el coche a buscarnos. Sus rodillas ya no estás para estos trotes. Desde el final de El Almiñé nos echamos al monte por la calzada romana. Bien conservada está y ancha es, con su mediana y sus cortes transversales para sacar el agua. Muy pino el remonte, donde abundan las encinas al principio. A mitad camino la montaña rocosa abre su barriga para enseñar un corral de piedra derruido. Más arriba, donde la vía se va haciendo murallón por la izquierda para salvar el pronunciado desnivel, nos sentamos un rato y bebemos agua, cuando baja un grupito de caminantes. Las cagarrutas están por toda la ruta, llamada de la lana porque por aquí pasaban los arrieros de Castilla la Vieja camino del Cantábrico, que completamos en hora y cuarto. La niña es la primera en llegar. Y la mina de agua, un hallazgo. Una romería se celebra cada primer sábado de julio.
jueves, 30 de julio de 2009
Por el río Ebro: de Valhermosa a Cereceda
sábado, 18 de julio de 2009
Actividades de verano en el Valle, organizadas por Radio Valdivielso

El verano y las vacaciones ya están aquí. Aunque en Galicia el tiempo no es de playa, en el Valle de Valdivielso se pueden hacer mil cosas. Y una vez más, Jokin y sus amigos han organizado un cartel de actividades para los chavales; algo que no tiene precio, porque es impagable. En agosto del año pasado pude vivir la sesión con Pedro Barcina en la iglesia del Almiñé. La dulzaina y el tambor sonaban tan fuertes, que llenaban hasta arriba el templo abarrotado de chavales. Entusiasmados todos con las explicaciones y anécdotas de Pedro, nadie adivinó, ni él mismo, que su lección magistral sería la última. Pero sus estridentes corcheas sí lo sabían, saltando inquietas desde el pentagrama para besarnos a cada uno y a cada una. Un beso de despedida que guardamos para siempre y hoy retumba en nuestro corazón.
Así que es una alegría grande ver el programa de este verano, con excursiones, músicas y otros cuentos. La vida al aire libre, al lado de un Ebro bebé, el trigo verde y los campos marrones de patatas, los caminos arcillosos y los cuchillos rocosos, las ciruelas y los tomates, San Pedro de Tejada y nuestra ermita de Santa Bárbara... Y esto no es un cuento.







